FAQ's

Las causas de la disminución de la fertilidad son muchas y muy variadas. Hemos de tener presente lo complejo que es la reproducción humana, los múltiples órganos y condiciones que deben cumplirse para que la magia de la reproducción ocurra. ¡Lo increíble y mágico es que finalmente ocurre y es maravilloso!

Podríamos analizar de forma algo menos extensa las causas más comunes a las que nos enfrentamos los médicos que acompañamos en este proceso.

Sin duda, hoy en día, decidimos afrontar la maternidad y la paternidad ya a una avanzada edad. La edad materna (y en menor medida la edad paterna) es el factor que más impacta en la disminución de la capacidad gestacional de las parejas que acuden a nuestro servicio durante los últimos años. Actualmente, sabemos que existe variabilidad entre pacientes, pero podemos aseverar que es la edad materna la que a día de hoy disminuye de forma más clara la posibilidad de ayudar a nuestras pacientes a cumplir con éxito su deseo.

Otros factores tales como las cirugías previas, enfermedades infecciosas o autoinmunes, ingesta de subtóxicos a largo plazo y un gran etcétera pueden representar un reto diagnóstico, aunque por otro lado, muchas de ellas tendrán la opción de ser tratadas y mejorar así las posibilidades de éxito.

Un factor muy importante a mencionar, dada su frecuencia en nuestros centros de atención, es el llamado “estrés” que impacta de forma muy desfavorable en el potencial de éxito del proceso, en el cual no paramos de insistir, ya que buscamos el clima más relajado, de confianza y óptimo de tranquilidad entre nosotros y nuestras pacientes.

Finalmente, comentar que una vez aceptado lo complejo que es el sistema reproductor humano, nos queda bastante camino por aprender y avanzar en el conocimiento de los motivos y sus posibles soluciones.

Hoy en día, son muchos los avances a nivel médico, farmacológico y sobre todo de microbiología celular para ofrecer a nuestras pacientes. Juntos esperamos con ilusión que, poco a poco, podamos afrontar todas y cada una de las causas que puedan hacer fracasar el proyecto gestacional para poder modificarlas, mejorarlas y superarlas.

 

La diferencia entre infertilidad y esterilidad es fácil de entender a nivel técnico pero muchas veces, están solapadas dentro del contexto emocional de las pacientes.

La paciente estéril es aquella que nunca ha conseguido un embarazo sin importar, si hablamos de métodos naturales o asistidos.

La paciente infértil es aquella que a pesar de haber conseguido uno o más embarazos, no ha sido capaz de llevar a término una gestación viable cara a un nacimiento.

La diferencia entre una y otra situación nos ayuda a entender y aplicar los métodos diagnósticos más útiles para cada tipo de paciente.

Para nosotros como personal sanitario dedicado a ayudar a nuestras pacientes a cumplir con su deseo gestacional, el hecho de establecer un vínculo que puede mejorar las condiciones para una futura gestación ya es un buen motivo para tener un encuentro en nuestra consulta.
Podemos definir dos grandes grupos:
En primer lugar, todas aquellas parejas que tienen un diagnóstico que dificulta su capacidad de gestación, tal como, cirugías previas del órgano reproductor, enfermedades infecciosas del tracto genital que comprometen la capacidad gestacional, enfermedades crónicas varias, etc.… Este grupo de pacientes ya conocedoras de su situación personal es conveniente que consulten para poder valorar acciones correctoras.
En segundo lugar y con mucha distancia las más frecuentes, son todas aquellas parejas que en un plazo de tiempo razonable y con relaciones sexuales completas, no han conseguido una gestación evolutiva.
Es erróneo establecer tiempos específicos a cada pareja, sí podemos decir que en parejas de menos de 35-36 años (sobre todo en el caso de la mujer) que no hayan conseguido gestación durante un año, éstas deberían acudir a consulta para valorar su caso particular. En mujeres de 36 o más, el período de prueba no debería exceder los seis meses.
Bajo ningún concepto puedo asegurar que una pareja que cumpla con lo anteriormente expuesto requerirá de técnicas de reproducción asistida, pero sí de una evaluación de la situación de aquella pareja en busca de gestación.

Existen diferentes opciones de tratamiento básico y sencillo que pueden mejorar las posibilidades de embarazo de una pareja.
De entrada, la mejor y la más importante es tener un conocimiento de la situación real de la pareja y buscar el embarazo en un ambiente de tranquilidad y de normalidad emocional.
Solo en caso de ser necesario se valorarán técnicas de reproducción asistida, de más sencillas a más complejas, de acorde con la situación de cada pareja.

El enemigo número uno de la fecundación in vitro en la mayoría de los casos somos nosotros mismos.
En ocasiones retrasamos demasiado el buscar ayuda y esto nos genera un estrés emocional muy dañino para afrontar las diferentes soluciones a la gestación. La angustia, los nervios y las prisas no son nada convenientes para procesos tan complejos.
El saber ser pacientes, mantener la calma y entender la situación es lo que más nos va a ayudar a tener éxito en el proceso.

Actualmente, siempre explicamos a nuestras pacientes que la edad es un factor condicionante de la capacidad de gestación, mucho más que de la potencial problemática que tendremos durante el embarazo.
Una vez conseguido el embarazo, aplicar las técnicas de control necesarias y suficientes para poder llegar a buen puerto no debería, hoy en día representar un gran problema.
Es sabido que a mayor edad pueden surgir más problemas durante el embarazo, pero podemos decir con cierto orgullo que hoy en día tenemos medios suficientes tanto a nivel de diagnóstico como a nivel terapéutico que nos permiten llegar al deseado “hijo sano en casa”, objetivo final de todos los que nos dedicamos a esta profesión.

El número de embriones que queremos o debemos implantar en el útero es una decisión de la paciente y del equipo médico. La decisión se basa en el número de embriones disponibles, en la calidad de los mismos y en el riesgo-beneficio que genera el transferir más de un embrión.
Nos equivocamos al pensar que, a mayor número de embriones transferidos, mayor es la tasa de éxito, no siempre es así. Por otro lado, debemos asumir el riesgo inherente de cursar con una gestación múltiple con todas las consecuencias que el hecho conlleva.
En cualquier caso, es importante remarcar que será siempre una decisión tomada en conjunto con los padres y el equipo médico.

La duración del tratamiento de FIV, depende mucho de cada caso en particular.
En la mayoría de los casos es el diagnóstico correcto y el planteamiento definitivo del protocolo a aplicar, así como la preparación del mismo para que la paciente esté en óptimas condiciones, lo que puede demorar más el proceso.
Toda la preparación y estudio de la pareja se puede compatibilizar perfectamente con la vida normal de la pareja y podemos ir más rápido o de forma más pausada en función de múltiples factores personales o de entorno.
En cuanto a la estimulación hormonal, la punción ovárica para obtención de oocitos, la captación seminal y la transferencia embrionaria con dos o tres semanas de tiempo, debería ser tiempo suficiente para la realización de todo el protocolo.
Durante este periodo, en líneas generales, podemos hacer vida normal aunque es bien cierto que las visitas y sobre todo hacia el final del periodo de estimulación y recuperación oocítica se recomienda hacer una vida más reposada para compatibilizar el proceso.

Las pruebas que se solicitan antes de la realización de una FIV tienen como objeto el mejor estudio de las causas que generan la condición de subfertilidad y las pruebas que nos garantizan desde un punto de vista médico que nos movemos en un terreno de máxima seguridad para la aplicación de técnicas quirúrgicas y el tipo de tratamiento a utilizar en cada caso.
Otro tema a tener en cuenta y no menos importante, es la preparación de toda la documentación necesaria para aplicar las técnicas de fecundación asistida.

En la mayoría de los tratamientos asociados al mundo de la fertilidad los medicamentos hormonales son la piedra angular de los mismos. En cada caso se valorará el óptimo y mínimo necesario para la paciente siendo muy escasos los tratamientos propuestos sin ningún tipo de ayuda hormonal ya que en general el éxito en la aplicación de los protocolos es mucho menor.

Por lo que efectivamente, sí, en la gran mayoría de tratamientos de fertilidad, tendremos que asumir que de una u otra forma, el uso de medicamentos hormonales para mejorar el éxito en la aplicación de protocolos médicos es inevitable.